Exhortación “Vestimentis ovium, intrinsecus autem sunt lupi rapaces”.

ESCUDO ARZOBISPAL

 

La gracia y la paz de Dios nuestro Padre y de Jesucristo el Señor estén con vosotros:

Hermanos:

A la luz de los últimos acontecimientos, me gustaría poder exhortaros para que todos podamos identificar ciertas conductas y erradicarlas de nuestra Iglesia cuando se den.

El tema que trataremos en esta exhortación es el complejo de superioridad, cómo identificarlo, y qué respuestas nos da la Sagrada Escritura al respecto,

¿Cómo se disfrazan los débiles?

MT 7,  15: Cuidaros de los falsos profetas, que vienen a vosotros vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.

Alguna vez en nuestras vidas hemos sido víctimas de alguien agresivo, desafiante, insultante, obsesivo, irónico, que se cree grande.

Estudios psicológicos demuestran que la gente explosiva, conflictiva, llena de rencor, esconde sus puntos débiles bajo ese disfraz que corresponde al estereotipo de personas que sufren complejo de inferioridad. El complejo de superioridad es sólo una proyección que usan como armadura los que en realidad tienen complejo de inferioridad, y ambos complejos se expresan en la misma persona al mismo tiempo.

Los dos complejos se hacen evidentes en el individuo, pero por la misma razón, manifestándose con un rechazo a sí mismo, a como es, a como se percibe, y por eso trata de llamar la atención en todo momento, de ser diferente, y eso lo hace sentirse superior, grande -cosa la cual no es así-. Necesita llamar la atención de los demás y brillar; no le importan los medios que utilice, para ensombrecer o dejar mal a otros, con tal de que él pueda hacerse notar.

Estos individuos tienen un perfil psicológico muy estereotipado: lastiman a otros sin importar el dolor que puedan causar, a la vez que reflejarán con su conducta que no pueden dar lo mejor de sí mismos.

2 Pedro 3, 17: Por tanto, amados, sabiendo esto de antemano, estad en guardia, no sea que arrastrados por el error de hombres libertinos, caigáis de vuestra firmeza.

Tienen problemas para equilibrar su carente autoestima por la inestabilidad  psicológica que presentan. Puede que hayan tenido carencia afectiva en su infancia o que no hayan recibido halagos de sus padres, afectos, motivaciones,  estímulos. Son personas que distorsionan la realidad, tapando su complejo con narcisismo y megalomanía.

Colosenses 2, 8: Mirad que nadie os haga cautivos por medio de su filosofía y vanas sutilezas, según la tradición de los hombres, conforme a los principios elementales del mundo y no según Cristo.

Estos individuos tienen delirios de grandeza y quieren hacerse notar en grupos de personas, quieren que se hable de ellos, que se les tome en cuenta, que se les mencione, no les importa el motivo para lograr esto: lo mismo pueden insultar, que burlarse, que argumentar en su favor, o buscar por todos los medios que otros queden mal; les retroalimenta el que los demás les respondan, les critiquen, no les importa que hablen mal de ellos, lo que quieren es que se hable de ellos de cualquier modo, es una forma de hacerse notar, de sentirse importantes y seguros de sí mismos.

Marcos 12, 38: Y en su enseñanza les decía: Cuidaos de los escribas, a quienes les gusta andar con vestiduras largas, y aman los saludos respetuosos en las plazas.

Estas personas no cambian si no reconocen que están equivocadas, y este tipo de conducta se agudiza en el modo de interactuar con otras personas. No les interesa ni quieren cambiar su modo de conducta en la mayoría de los casos.

Lo que más temen es sentirse solos, ignorados, que no se hable de ellos, que no se les mencione, que se les deje caer en el olvido.  Por tanto, el complejo de superioridad disfraza y mitiga el temor al complejo de ser inferiores.

Después de exponeros esto, queridos hermanos, también os invito a la tranquilidad, porque Cristo protege a su Iglesia.

Amén.

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Rito de Tonsura

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Estimados hermanos:

El día 12 de octubre del 2018, durante el rezo de las Vísperas, tendrá lugar en nuestra Iglesia el Rito de Tonsura de los seminaristas don David y don Enrique.

Que el Señor de la mies manda obreros a su mies.

Apertura del Curso pastoral 2018/2019

 

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Con el lema servidores de la misericordia, el domingo 16 de septiembre de 2018, a las 16h., tuvo lugar a cargo del Arzobispo Primado la apertura solemne del nuevo Curso Pastoral 2018/2019.

Se constituyeron la Curia Archidiocesana y el Consejo Presbiteral y Pastoral, además de aprobarse el Plan Pastoral.

A través de este Plan Pastoral, la Archidiócesis pretende  llevar a todos una imagen de Dios  misericordioso y no juez.

Nuestro Señor nos da muchos ejemplos de la misericordia en la Sagrada Escritura, por ejemplo, al comer con los pecadores públicos y tratar con las prostitutas. También sus parábolas sobre la misericordia de Dios revelan este mismo propósito. San Lucas, «el evangelista de la misericordia», ha escrito páginas ejemplares, elocuentes y pedagógicas. Tres parábolas nos acercan al misterio de la misericordia de Dios: la oveja perdida, la moneda perdida, y el hijo pródigo. Jesús las pronuncia para defenderse de las acusaciones que le hacen los escribas y fariseos: “Solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Éste acoge a los pecadores y come con ellos” (Lc 15, 1-2).

En estas tres parábolas, sobresale un lenguaje en movimiento: ir, buscar, encontrar, reunir… «¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas y pierde una de ellas, no deja las otras noventa y nueve en el desierto y va tras la descarriada, hasta que la encuentra?» (Lc 15, 4). La lógica divina rompe los esquemas comerciales de nuestro tiempo: no se trata de asegurar las noventa y nueve sino de buscar la que se ha perdido. Hay que salir, dejar la seguridad y arriesgarse hasta encontrar. En la parábola del «Padre misericordioso» no es una oveja o una moneda lo que se pierde; el perdido tiene corazón: es un hijo. Voluntariamente se va del hogar, e irremediablemente se siente perdido y se resiente su dignidad humana. Tras reflexionar, inicia el camino de vuelta a la casa paterna. La narración subraya que el anciano Padre, movido por el amor entrañable a su hijo, salía cada tarde para atisbar su regreso. Cuando le ve a lo lejos, no le aguarda pasivamente sino que «se le conmovieron las entrañas» (Lc 15, 20).

En las tres parábolas, el resultado de la búsqueda es positivo: se encuentra lo que se había perdido (la oveja, la moneda, o al mismo hijo), provocando la alegría y la fiesta. El pastor dice a los amigos: «¡Alegraos conmigo!, he encontrado la oveja que se me había perdido» (Lc 15, 5-6).

El dinamismo de los verbos ir, buscar, encontrar, reunir… indican características del ministerio sacerdotal especialmente necesarias en nuestro tiempo. No aguardamos simplemente la vuelta del pecador, de aquel que se alejó o no estuvo nunca al calor del amor del Padre de la misericordia. Somos enviados, debemos salir, buscar para facilitar y provocar el reencuentro. Es el dinamismo que pide el papa Francisco a la Iglesia: «La Iglesia en salida es una Iglesia con las puertas abiertas. Salir hacia los demás para llegar a las periferias humanas no implica correr hacia el mundo sin rumbo y sin sentido. Muchas veces es más bien detener el paso, dejar de lado la ansiedad para mirar a los ojos y escuchar, o renunciar a las urgencias para acompañar al que se quedó al costado del camino» (MV. 46). «Es la salida misionera» .

El objeto de este Plan Pastoral es facilitar el «encuentro» con la persona de Cristo, cimiento de la vida espiritual y de la evangelización.

«Enviados a reconciliar», requiere ante todo favorecer que el hombre que busca o que simplemente anda perdido en la indiferencia, se encuentre vitalmente con el Dios que es el Padre de la misericordia. El sacerdote es un amigo del Señor llamado a continuar su misión: construir el Reino de Dios. Como el Maestro, el discípulo sabe que su misión se vuelca hacia los más necesitados, para brindarles «la primera misericordia de Dios» y hacia los pecadores, para invitarlos a que inicien el camino de vuelta a la casa del Padre.

Al terminar el acto de apertura del curso, el Señor Arzobispo celebró la Santa Misa en acción de gracias.

Nuevo Obispo Auxiliar de la Diócesis Primada.

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El Arzobispo Primado Bruno ha nombrado el domingo 16 de septiembre al sacerdote don Ricardo Jesús Rodríguez Villalba como Obispo auxiliar de la Archidiócesis Primada.

D. Ricardo Jesús Rodríguez Villalba es natural de Valdepeñas (Ciudad Real). Nació el 12 de diciembre de 1963 y es licenciado en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid, y Diplomado en Trabajo Social por la Universidad Comillas de Madrid.

Es Bachiller en Teología por la Universidad Eclesiástica San Dámaso (Madrid).

Desde su ordenación sacerdotal, es el Vicario General de nuestra Archidiócesis.

El 16 de diciembre de 2018, Dios mediante, será consagrado Obispo por el Arzobispo Primado y, como Subconsagrante, por Mons. Hernán Bolívar, Arzobispo Primado de Ecuador.

Demos gracias a Dios.

(EL SACERDOTE, SERVIDOR DE LA MISERICORDIA) CARTA AL CLERO DE LA IGLESIA.

 

 

 

 

 

La Gracia y la Paz de Jesucristo estén con vosotros:

 

Estimados hermanos Presbíteros, Diácono y Seminaristas.

De cara a la apertura del curso que tendrá inicio en septiembre de 2018, os dirijo estas letras, recordando que nuestro ministerio tiene que nacer desde la misericordia.

Dios se hace visible como Padre rico en misericordia. La novedad del mensaje de Jesús respecto del Antiguo Testamento es que Él anuncia la misericordia divina de forma definitiva no sólo a unos cuantos justos, sino a todos. En el reino de Dios hay sitio para todos, nadie es excluido.

Jesús quiere corregir una falsa imagen de Dios que le ve ante todo como juez. Para ello realiza de forma provocadora gestos de misericordia, como son comer con los pecadores públicos y tratar con las prostitutas. También sus parábolas sobre la misericordia de Dios revelan este mismo propósito. San Lucas, «el evangelista de la misericordia» ha escrito páginas ejemplares, elocuentes y pedagógicas. Tres parábolas nos acercan al misterio de la misericordia de Dios: la oveja perdida, la moneda perdida y el hijo pródigo. Jesús las pronuncia para defenderse de las acusaciones que le hacen los escribas y fariseos: “Solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Éste acoge a los pecadores y come con ellos” (Lc 15, 1-2).

En estas tres parábolas sobresale un lenguaje en movimiento: ir, buscar, encontrar, reunir… «¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas y pierde una de ellas, no deja las otras noventa y nueve en el desierto y va tras la descarriada, hasta que la encuentra?» (Lc 15, 4). La lógica divina rompe los esquemas comerciales de nuestro tiempo: no se trata de asegurar las noventa y nueve sino de buscar la que se ha perdido. Hay que salir, dejar la seguridad y arriesgarse hasta encontrar. En la parábola del «Padre misericordioso» no es una oveja o una moneda lo que se pierde; el perdido tiene corazón: es un hijo. Voluntariamente se va del hogar, e irremediablemente se siente perdido y se resiente su dignidad humana. Tras reflexionar inicia el camino de vuelta a la casa paterna. La narración subraya que el anciano Padre, movido por el amor entrañable a su hijo, salía cada tarde para atisbar su regreso. Cuando le ve a lo lejos, no le aguarda pasivamente sino que «se le conmovieron las entrañas» (Lc 15, 20).

En las tres parábolas, el resultado de la búsqueda es positivo: se encuentra lo que se había perdido (la oveja, la moneda, o al mismo hijo), provocando la alegría y la fiesta. El pastor dice a los amigos: «¡Alegraos conmigo!, he encontrado la oveja que se me había perdido» (Lc 15, 5-6).

El dinamismo de los verbos ir, buscar, encontrar, reunir… indican características del ministerio sacerdotal especialmente necesarias en nuestro tiempo. No aguardamos simplemente la vuelta del pecador, de aquel que se alejó o no estuvo nunca al calor del amor del Padre de la misericordia. Somos enviados, debemos salir, buscar para facilitar y provocar el reencuentro. 

El objeto de esta salida es facilitar el «encuentro» con la persona de Cristo, cimiento de la vida espiritual y de la evangelización.

No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida.

Estimados hermanos , el Señor nos llama a extender la misericordia, pues nuestro ministerio nace de la misericordia de Dios, hacia nosotros, criaturas, que por un regalo suyo sin merecerlo somos ministros de Dios, para ofrecer el sacrificio, aunque somos completamente indignos por nuestra multitud de faltas y pecados; pero Dios en su infinita bondad nos capacita para ejercer el ministerio apostólico.

 

+ S.E.R. Mons. Bruno, por la misericordia de Dios Arzobispo Primado.

Ordenación Sacerdotal del P. Ricardo.

D. Ricardo Jesús Rodríguez fue ordenado presbítero de la Diócesis Primada en una ceremonia presidida por el Sr. Arzobispo Mons. Bruno, el día 11/08/2018.

Ante una iglesia llena de fieles, sacerdotes, amigos y familiares del ordenando, el Arzobispo, dirigiéndose al neopresbítero, afirmó que “Cristo te ha guiado con su amor por caminos insospechados y te ha conducido hasta aquí para ponerte como regalo suyo al servicio de la Iglesia y del mundo”.

En cuanto a la labor del sacerdote, Mons. Bruno aseguró que “el sacerdote es testigo universal de la caridad de Cristo. Es hombre de Dios y hombre de la misión. La formación de los sacerdotes depende de la acción de Dios en nuestras vidas y no tanto de nuestras actividades”.

Así, refiriéndose a la figura del sacerdote, el Arzobispo dijo:

“Los fieles esperan que los sacerdotes sean especialistas en fomentar el encuentro del hombre con Dios. El sacerdote debe conocer realmente a Dios desde su interior y así llevarlo a los hombres”.

 

Mensaje de Bienvenida al P. José Ortega

 

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Queremos dar la bienvenida a nuestra Iglesia al Padre José Ortega Peréz.

Nuestro estimado hermano tiene una trayectoria más que probada en el ministerio Sacerdotal a nivel pastoral,  viene de la Iglesia nacional española y sus conocimientos nos seran de gran ayuda.

Deseamos que Dios le bendiga y tenga muchos éxitos en esta misión y en  las tareas que se le encomienden.

Reflexión acerca de Mt 13, 24-43: Trigo y cizaña: Dejad que crezcan juntos hasta la siega, o cuando conviven posturas opuestas

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La parábola de la cizaña es una de las siete que Mateo incluye en su capítulo 13.

Siempre se ha entendido el relato del trigo y la cizaña como una enseñanza sobre la convivencia entre buenos y malos. Todas las reflexiones en este sentido son adecuadas, pero incompletas, porque dentro del ser humano también hay trigo y cizaña, bien y mal, luz y sombra.

Dejad que crezcan juntos hasta la siega.

La parábola de la cizaña es una llamada de atención sobre la tentación en que caemos con frecuencia de ser jueces de los demás, excluyéndolos del reino de los cielos. Es un mensaje de tolerancia plenamente evangélico: Dejad que crezcan juntos hasta la siega (Mt 13, 30). Es una reflexión que nos previene de catalogar a las personas como buenos y malos. Mal entendida, la parábola puede dar origen a un simple maniqueísmo sobre la presencia simultánea del bien y del mal, que reduzca el mensaje de Jesús.
Empecemos por notar que el sembrador siembra buena semilla, el trigo. La cizaña tiene un origen distinto. Según aquella mentalidad, hay un enemigo empeñado en que el hombre no alcance su plenitud. Pero a pesar de que aceptamos la presencia del maligno en la vida espiritual, aquí la hipótesis del maniqueísmo es innecesaria. Bien y mal se encuentran inextricablemente unidos en cada uno de nosotros. Durante milenios el hombre trató de buscar una respuesta coherente al interrogante que plantea la existencia del mal. Hoy sabemos que no tiene que venir ningún maligno a sembrar mala semilla: La limitación que nos acompaña como criaturas da razón suficiente para explicar la presencia del mal, la imperfección y los fallos de toda vida humana.

La evolución de las especies ha ido siempre en la dirección de asegurar la supervivencia del individuo y su descendencia. A ese objetivo estaba orientado cualquier otro logro. Al aparecer la especie humana, el hombre descubre que hay un objetivo más valioso que el de la simple supervivencia. Pero al intentar caminar hacia esa nueva plenitud de ser que se le abre en el horizonte, el hombre tropieza simultáneamente con esa enorme inercia que le empuja a objetivos puramente egoístas enfrentados a los objetivos de los demás humanos. El objetivo de subsistencia individual y el nuevo horizonte de plenitud colectiva que se le abre al ser humano, tienen que convivir. Como en el caso de la cizaña y el trigo, sólo cuando llega la hora de los resultados, en la cosecha, queda patente lo que los distingue. Es inútil todo intento de dilucidar teóricamente el origen de lo que es bueno o lo que es malo, porque son inherentes al ser humano y ambos crecen juntos. La mayoría de las veces el hombre sólo descubre lo bueno o lo malo después de innumerables errores en su intento por acertar en su caminar hacia la meta.
En el ser humano, el bien biológico individualista sería siempre bueno mientras no vaya contra el bien de los demás. Todo el esfuerzo que haga el ser humano por vivir mejor de lo que vive en una época determinada, sería estupendo si toda mejora alcanzara a todos los hombres, y no se consiguiera el bien de unos pocos a costa del mal de muchos. En el mundo que nos ha tocado vivir, podemos descubrir esa contradicción: El hombre, buscando la plenitud de su desarrollo individualista, puede arruinar su plenitud como ser humano.

El punto de inflexión en la lógica del relato lo encontramos en las palabras del dueño del campo: dejadlos crecer juntos hasta la siega. Lo lógico sería que se ordenara arrancar la cizaña en cuanto se descubriera en el sembrado, para que no disminuyera la cosecha. Pero resulta que, contra toda lógica, el amo ordena a los criados que no arranquen la cizaña, sino que la dejen crecer con el trigo. Este quiebro es el que debe hacernos pensar. No es que el dueño del campo se haya vuelto irresponsable; es que la intención de la parábola es enseñarnos que otra visión de la realidad es posible.
La respuesta del amo estaría fuera de toda lógica si nos quedamos en la literalidad del relato. La razón por la que les deja crecer juntos no es porque el señor se sienta generoso y perdone la vida a los malos, sino porque el dueño aduce que podríais arrancar también el trigo; precisamente por la dificultad de distinguirlos a simple vista (las espigas de cizaña son muy similares y se enredan fácilmente con el trigo). Por tanto, lo que nos enseña es otra cosa: El trigo y la cizaña tienen que convivir a pesar de que son plantas antagónicas, y lo que produce una, será siempre a costa de la otra. La cizaña perjudica al trigo, pero la realidad es que son inseparables. Aplicado al ser humano, la cosa se complica hasta el infinito, porque en cada uno de nosotros coexisten juntos cizaña y trigo. Nunca conseguiremos eliminar del todo nuestra cizaña. Sólo tomando conciencia de esto, superaremos las tendencias perfeccionistas y podremos aceptarnos a nosotros y a los otros con su cizaña.
Esta mezcla inextricable no es un defecto de fabricación, como se ha hecho creer con mucha frecuencia; por el contrario, se trata de nuestra misma naturaleza. Dejaríamos de ser humanos si se anulara nuestra imperfección. No sólo es absurdo el considerar a uno bueno y a otro malo, sino que pensar que una persona se pueda considerar perfecta, es descabellado. Querer arrancar enseguida la cizaña es una tentación, lo que demuestra la falta de confianza en uno mismo y la no aceptación de lo que nos incomoda.

Jesús pone el acento en la necesidad de convivir con lo diferente de nosotros, y con el diferente. Siempre tendremos pendiente un cambio en nuestra actitud ante el diferente. Jesús advierte del riesgo de condenar y arrancar del campo a los hermanos diferentes, por el peligro de que paguen justos por pecadores. Es preferible tener paciencia y dejar la justicia a Dios, el único que puede emitir un veredicto exacto al final de los tiempos, el día de la siega, sin temor a equivocarse.

P. Ricardo Jesús Rodríguez.

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Mensaje de Bienvenida al Padre Vicente Enrique Choez

 

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Queremos dar la bienvenida a nuestra Iglesia al Padre Vicente Enrique Choez Lozano.

Nuestro estimado hermano tiene una trayectoria más que probada en el ministerio Sacerdotal a nivel pastoral, social y de vida religiosa viene de la Iglesia Católica Antigua de Ecuador  y sus conocimientos nos seran de gran ayuda.

Deseamos que Dios le bendiga y tenga muchos éxitos en esta misión y en  las tareas que se le encomienden.