Reflexión del día.

El mal parece una mala hierba escondida, pero toda mala hierba tiene que ser eliminada. El mal no puede vivir dentro de nosotros

“Una generación mala y adúltera busca una señal, pero ninguna señal le será dada, a no ser la señal del profeta Jonás” (Mateo 12,39).

Jesús llamó a su generación de mala y adúltera, porque se dejó llevar por las maldades y perversidades del corazón humano, que, perdido en medio del mal, se dejó guiar por él. Una generación adúltera es la generación que, de hecho, adultera, cambia y transgrede la verdad.

La generación en que vivimos no es diferente, es generación rodeada por maldades, las cuales vemos en los grandes titulares en los periódicos cada día, como robos, asesinatos, crímenes hediondos. Hay, sin embargo, una maldad escondida en el rincón de cada corazón humano. Hay la maldad de querer el mal del otro, de desear el mal al otro y de felicitarse con el mal que sucede con el otro. El mal parece una mala hierba escondida, pero toda mala hierba tiene que ser extirpada, eliminada, cortada, y el mal no puede vivir dentro de nosotros.

Nuestra generación es adúltera, porque deja a Dios por cualquier cosa, para servir a otros dioses; es una generación que se prostituye fácilmente con las seducciones, con los engaños, las ilusiones del mundo en que vivimos. El gran adulterio de la humanidad es cambiar a Dios por los ídolos de este mundo. Pero como una generación mala y adúltera puede encontrar los signos de Dios? Aquí hay otro error: una generación que a menudo quiere milagros y señales del cielo. “Ninguna señal nos será dada, a no ser la señal de Jonás.

¿Cuál es la señal de Jonás? Jonas es la señal del Resucitado, porque se quedó tres días dentro de la ballena y luego salió. Necesitamos hacer la experiencia de morir para el mundo y para todo aquello que nos hace pervertidos, adúlteros. Necesitamos renacer para la gracia.

La señal de Jonás es el signo de conversión, de vida nueva y de transformación. Si queremos ver una señal de Dios, miramos a las personas que se permiten ser cambiadas y transformadas por la gracia de Dios. La persona que hacía una cosa equivocada, ahora está haciendo lo que es correcto; la persona que vivió una vida anterior en el error, ahora encontró el camino correcto. La gran señal de Dios son las vidas transformadas, porque Jesús vino para transformar nuestra vida.

¡Dios nos bendiga!

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+Mons. Cesar Martín

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Reflexión sobre Rom 8, 35: “Nada podrá separarnos del amor de Cristo, ni la angustia, ni la tribulación”

 

A veces experimentamos angustia y miedo ¿Cuál es la postura cristiana ante esta experiencia humana? A nivel psicológico el miedo está vinculado a la percepción de un peligro que creemos real y puede manifestarse en relación a cosas particulares (fobias), o ser extendido hasta la pérdida total de control (pánico). También puede tratarse de un agudo sufrimiento interior (ansiedad), o pierde su rostro definido y se prolonga, invadiendo profundamente el ánimo de la persona (depresión). Estas experiencias por supuesto no son buenas para el hombre, pues le llenan el corazón de desconfianza, lo encierran en sí mismo, y así le impiden vivir con libertad.

En el mundo occidental se está produciendo una extraña paradoja en relación al miedo: por un lado la tecnología y el desarrollo han permitido un bienestar y una sensación de seguridad sin precedentes; las posibilidades de diagnosticar y curar las enfermedades, de prolongar la vida, de proteger lugares, de resolver toda clases de problemas o dificultades, son enormes; sin embargo la proliferación de la desconfianza, del miedo, de la ansiedad, ha aumentado de manera desproporcionada. ¿Por qué se da este fenómeno?

Parece ser que a las nuevas generaciones, mientras más se les protege con nuevas comodidades tecnológicas, son menos capaces de madurar. Esto se debe a que en el fondo se les priva de tener que enfrentar la vida en su radicalidad y dureza. Las realidades de la vida a veces parecen que puedan manejarse en la inmediatez, pues se les enseña a dominarlo todo, a tener todo a disposición y de manera rápida, todo al alcance de la mano, con un “clic”, todo bajo control. Entonces las incertidumbres futuras, los compromisos a largo plazo (o por toda la vida), los mensajes que piden una espera paciente y prolongada, y las tantas situaciones misteriosas e irresolubles de la vida, se vuelven insoportables. Se busca relativizar y quitar el peso a aquello que nos atemoriza, no enfrentándolo con madurez, más bien evitándolo. Los jóvenes se angustian cuando se enfrentan a esos límites a los que no están acostumbrados y ante los cuales no saben qué hacer, porque no han aprendido a madurar. Han surgido por este motivo (entre tantos otros) una serie de enfermedades que, como epidemias, están afectando especialmente a los grupos más jóvenes: depresión, strés, sin sentido de la vida, suicidios, etc. Detrás de todas ellas, se pueden ver esos fantasmas del miedo: miedo ante el futuro incierto, ante el fracaso, ante el dolor, ante el descontrol, ante la soledad. El hombre queda así postrado ante una cultura del miedo y de la desconfianza. ¿Cómo actuar entonces para superar este miedo que paraliza y aliena la existencia?

El individualismo materialista que nos lleva a confiar sólo en nuestras fuerzas y en aquello que podemos poseer o construir, crea en realidad sujetos solitarios, tristes y frágiles, incapaces de confiar e incapaces de comunicarse con los demás, condición fundamental del amor. Sin amor es imposible que surja esa necesaria esperanza que nos permite afrontar las vicisitudes de la vida y de sus límites (las adversidades, el sufrimiento, el mal, la muerte, etc.). El amor constituye la condición sobre la cual se construye dicha fe (confianza) y de la cual surge la esperanza que nos permiten abrazar la vida en su radicalidad con plenitud. La Escritura enseña que el sentido de la vida está en el reconocimiento del amor de Dios y la realización del crecimiento y desarrollo personales en el amor abierto a la trascendencia.

Dios es amor. Dios nos amó primero, ésta es la garantía para vencer el temor, y, como dice san Pablo, si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? (cf. Rom 8, 31 y ss.)

El amor no es algo que se puede comprar, poseer, construir, controlar o medir. Exige por el contrario confianza, gratuidad, apertura, sacrificio, paciencia. Por eso el miedo construye una muralla contra la potencia del amor y la fe. Jesús reprende a sus discípulos cuando, por temor, dudan (en la tormenta, cf. Mt 8, 25-26; o a Pedro cuando desconfía mientras camina sobre las aguas, cf. Mt 14, 30-31). ¿Por dónde empezar? Empecemos a amar más a Dios y en especial a nuestros hermanos que son el rostro visible de Cristo, y dejémonos amar por ellos. El amor puede y nos hará libres. Abramos nuestro corazón al encuentro y a la amistad. Ya lo decía san Juan: «No hay temor en el amor; sino que el amor perfecto expulsa el temor, porque el temor tiene que ver con el castigo; quien teme no ha llegado a la plenitud en el amor. Nosotros amemos, porque él nos amó primero. Si alguno dice: «Amo a Dios», y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve. Y hemos recibido de él este mandamiento: quien ama a Dios, ame también a su hermano». (1 Jn 4, 18-21).

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P. Ricardo Jesùs Rodrìguez.

Presentación P. José Manuel Barahona Perez

 

 

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Quisiera en primer lugar dar la bienvenida a nuestra Iglesia al Padre José Manuel Barahona Perez.

Bueno en realidad no es una bienvenida como tal, si no mas bien un reencuentro, nuestro estimado hermano ya perteneció a esta Iglesia de hecho la suya fue la primera ordenación.

Nuestro estimado hermano tiene una trayectoria más que probada en el ministerio Sacerdote a nivel pastoral, social y humano en este tiempo que no estuvo con nosotros trabajó con la rama tradicionalista y sus conocimiento en nuestra Liturgia son de gran valor y puede enseñar mucho a todos nuestros hermanos.

en nuestra diócesis ocupara sus labores pastorales pero también comunicó con gran alegría que se ocupará de la Cancillería de la Iglesia ayudando al Señor Arzobispo

Animo a los miembros del Iglesia a la comunicación directa con él pues el será el puente entre los miembros y el Arzobispo.

Deseamos que Dios le bendiga y tenga muchos éxitos en esta misión y en  las tareas que se le encomienden.

Excardinaciòn y cese de cargo de Faustynowi Trusito, który.

 

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En el nombre de la Santísima Trinidad Amen
A todos los fieles en Cristo Jesús, Paz y bendición Apostólica.
Hechos:
Vista por la comisión de Protección de la doctrina en el Alto Tribunal de la Iglesia Vetero Católica Liberal de, seguida por UN DELITO CONTINUADO DE SUPLANTACIÓN DEL MINSTERIO APOSTÓLICO, Faustynowi Trusito, który
1 Después de haber estudiado todas las pruebas presentandas a este organismo
2 de haber escuchado el testimonio de personas que has tenido trato con el acusado.
3 De haber investigado su expulsión y disolución de su Orden dentro de la Iglesia Romana por irregularidades y uso mal intencionado de la confianza depositada en la persona del Acusado.
Fallo:
Por conformidad de las partes debo condenar y condeno a D. Faustynowi Trusito, który como autor responsable de UN DELITO CONTINUADO DE SUPLANTACION DEL MINISTERIO APOSTÓLICO, con la concurrencia de la atenuante de HABER HECHO CASO OMISO A SUS SUPERIORES Y muy cualificada de reparación del daño, a la pena DE EXCARDINACION con inhabilitación DE SU MINISTERIO COMO RELIGIOSO Y LA DISOLUCION DE LA Orden de Misionero de la Madre Teresa de Calcuta y la Orden de San Fausto.

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Reflexión del día.

No hay día para vivir el amor, la misericordia, la bondad o para cuidar del otro, porque el Hijo del Hombre es Señor del sábado

“Quiero la misericordia y no el sacrificio”, no habrían condenado a los inocentes. De hecho, el Hijo del Hombre es señor del sábado “(Mateo 12,7-8).

El corazón de Jesús es apasionante, nunca se ha visto un corazón tan humano como el de Él, que es divino y sublime. Debemos mirar hacia el corazón de Jesús, a fin de humanizar, santificar y divinizar nuestro corazón.

Nuestro corazón, muchas veces, está tan lejos del Sagrado, que se ha vuelto deshumanizado. No podemos perder nuestra humanidad, porque ella no es profana, ella es sagrada, y es Jesús quien hace nuestra humanidad sagrada. Los hombres de la Ley están preocupados por los preceptos divinos, con las leyes divinas, pero se están olvidando de la humanidad, están preocupados por guardar el sábado en cuidar del templo, pero no están preocupados por la persona humana.

Jesús viene a decir: “No es eso lo que el Padre quiere”. El Padre no vino a buscar los sacrificios que se ofrecen en los templos, el Padre no vino a buscar las oblaciones que se hacen en los altares, pues ellas sólo tienen importancia cuando vienen para rescatar a la persona humana. El culto que Dios quiere es un corazón que se vuelve misericordioso, porque a menudo la religión nos endurece. Participamos de las Misas, de los cultos, de los grupos de oración y nos hacemos personas rígidas, duras, carrascas y malvadas unas con otras.

Necesitamos llenarnos de Dios y tener en nosotros el corazón de Jesús, el corazón misericordioso que no se importó si era día de sábado o el día que fuese, porque era tan importante para la religión judía. Lo que importa es que la oveja necesita cuidado todos los días de la semana.

No hay día para vivir el amor, la misericordia, la bondad o para cuidar del otro, porque el Hijo del Hombre es Señor del sábado, es el Señor de la vida, de la Ley, del Templo y de la misericordia. Alabemos a nuestro Dios, no sólo por la grandeza de lo que es, sino por la grandeza que se esparce en la faz de la tierra. Donde se vive la misericordia, el amor, donde se cuida del otro, allí Dios está.

No encontramos a Dios sólo en el Templo o sólo en las oraciones, nos llenamos con la oración, para que con el corazón lleno de Dios llevemos amor y misericordia hacia el prójimo.

¡Dios te bendiga!

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+ Mons Cesar Martín.

Reflexión del día

Nuestro corazón necesita ser humilde, y nosotros necesitamos ocupar nuestro lugar, el último lugar, sin deseo de pretensiones ni magnitudes

“Venid a mí todos vosotros que estáis cansados ​​y fatigados bajo el peso de vuestros fardos, y yo os daré descanso” (Mateo 11,28).

Dios nos quiere descansados, Él no nos quiere sobrecargados, ni quiere que lo juzgue de esa vida, que lo juzgue de nuestros compromisos y obligaciones sean una sobrecarga que vaya abrumando nuestra alma, nuestra vida, sacando nuestro gusto y nuestra alegría de vivir.
¿Qué hacemos? Vamos a tirar nuestras responsabilidades? ¿Vamos a huir de nuestras obligaciones? ¡No! Vamos a refugiarnos en el corazón de Jesús, porque para enfrentar todas las leídas de la vida, necesitamos tener corazón. Si no hacemos de corazón, no está bien hecho y sobrecarga la salud física, emocional, psíquica y espiritual. Necesitamos tener el corazón en lo que hacemos, pero no un corazón sobrecargado, enfermizo, tenso, nervioso, temeroso, ansioso ni preocupado.

¿Cómo nuestro corazón necesita estar? Él necesita aprender con el corazón de Jesús, tomar el juicio de Él, aprender de Jesús, que es manso y humilde de corazón, pues así encuentra descanso en todo lo que hace.

El corazón manso no es agitado. Pero nosotros nos agitamos demasiado, dejamos que el corazón se desangre y lo llenamos de cosas frívolas, innecesarias. Él se va llenando de cosas que sólo nos llenan.

Nuestro corazón necesita ser humilde, y nosotros necesitamos ocupar nuestro lugar, el último lugar, sin deseo de pretensiones ni grandezas, sin buscar cosas más allá de lo que es nuestro. Hasta cuando hacemos una cosa que puede ser grande, pero hacemos con la humildad de corazón, allí nuestro corazón no se va a perder.

A veces, estamos viviendo una situación, estamos pasando una realidad de vida, pero el corazón está inflado, está lleno de orgullo y vanidades, y todo se vuelve pesado, no nos conformamos ni nos consolamos con nada.

Encontraremos consuelo, descanso y refugio en el corazón de Jesús y aprendamos de Él como debe ser nuestro corazón manso y humilde, porque los mansos y humildes tienen un corazón cuidado por Dios.

¡Dios te bendiga!

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+Mons César Martín.

Reflexión del día.

Nuestra Señora del Carmen

Debemos colocar en primer lugar la devoción del escapulario de Nuestra Señora del Carmen

Al mirar a la historia de la Iglesia encontramos una hermosa página marcada por los hombres de Dios, pero también por el dolor, fervor y amor a la Virgen Madre de Dios: es la historia de la Orden de los Carmelitas, de la que testifica el cardenal Piazza: “El Carmo existe para María y María es todo para el Carmelo, en su origen y en su historia, en su vida de luchas y de triunfos, en su vida interior y espiritual “.

Carmelo (en hebreo, “carmo” significa viña, y “eslabón” significa señor, por lo tanto, “Viña del Señor”): este nombre nos apunta a la famosa montaña que queda en Palestina, donde el profeta Elías y el sucesor Elizeu hicieron historia con Dios y con la Virgen, que fue prefigurada por el primero en una pequeña nube (v. I R 18,20-45).

Estos profetas fueron “participantes” de la Obra Carmelita, que sólo vengó debido a la intervención de María, pues la parte de los monjes del Carmelo que sobrevivieron (siglo XII) de la persecución de los musulmanes, llegaron huidos en Europa y eligieron a San Simón Stock como su superior general ; el cual, a su vez, estaba el 16 de julio intercediendo con el Rosario, cuando Nuestra Señora apareció con un escapulario en la mano y le dijo: “Recibe, hijo mío, este escapular de tu Orden, que será la prenda del privilegio que yo alcancé para ti y para todos los hijos del Carmen. Todo el que muere con este escapular será preservado del fuego eterno.

Varios Papas promovieron el uso del escapulario y Pío XII llegó a escribir: “Debemos colocar en primer lugar la devoción del escapulario de Nuestra Señora del Carmen – y aún – escapulario no es ‘carta blanca para pecar, es un’ recuerdo ‘para pecar; vivir de manera cristiana, y así alcanzar la gracia de una buena muerte “.

En este día de Nuestra Señora del Carmen, no hay como no hablar de la historia de los Carmelitas y del escapulario, pues donde están los hijos ahí está la amorosa Madre.

¡Nuestra Señora del Carmen, ruega por nosotros!

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+Mons. Cesar Martín.

SAN BENITO DE NURSIA Y EL MONACATO OCCIDENTAL

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Biografía de San Benito
El día 11 de julio la Iglesia conmemora a San Benito, padre del monacato occidental y Patrón de Europa. Conocemos a San Benito (Nursia, Umbría, 480-Montecasino, Lacio 547) gracias a los Diálogos de San Gregorio Magno, obra que, si bien nos habla del Santo, carece -a juicio de estudiosos actuales- de rigor histórico. Aún así podemos conocer muchos detalles sobre la vida de este santo, que fue testigo de los últimos tiempos del Imperio Romano y que sin saberlo, se convertiría en el primer gran religioso en la historia de la Humanidad.
San Benito nació en una familia noble italiana y creció junto a su hermana gemela, la también santificada Escolástica. Gracias a la buena situación económica de su familia, Benito fue enviado a estudiar en Roma, donde recibió una exquisita preparación.
Pero esta formación, como más tarde diría San Gregorio Magno, no fue lo principal para el Santo quien, lejos de comulgar con el estilo de vida romano, se retiró a Subiaco, donde decidió dedicar su vida a la oración. De esta forma, San Benito estableció su vivienda en una cueva de muy difícil acceso, por lo que estuvo años sin que nadie le descubriera hasta que un día un sacerdote, guiado por Dios, según San Gregorio, reparó en la presencia del ermitaño. A partir de este momento algunos pastores y campesinos, sabiendo de su pureza, lo visitaban, proveyéndolo de alimentos y recibiendo de él instrucciones y consejos.
Tras estos años, el Santo se trasladó a Vicovaro, donde le nombraron prior de un pequeño convento. Allí introdujo una gran disciplina basada en unas costumbres estrictas que los monjes no toleraron, llegando incluso a intentar envenenarlo. Tras este incidente, San Benito decidió volver a su vida solitaria en Subiaco, donde muchas gentes, atraídos por la gran popularidad que iba adquiriendo Benito, quisieron convertirse en sus discípulos. Cada vez eran más las gentes que llegaban y llegó a haber hasta 12 casas donde se alojaban los nuevos monjes.
De una forma acaso inesperada, San Benito dejó el convento. Tal vez provocado por Florencio, un sacerdote que le profesaba una profunda envidia y que intentó por todos los medios deshacerse del gran maestro. Por miedo a que este odio repercutiera en sus discípulos, San Benito se trasladó hasta Montecasino, donde sobre las ruinas de un antiguo templo construyó dos capillas además de otros edificios a su alrededor. Estas construcciones se convertirían en la más famosa abadía de la cristiandad.
San Benito murió, según la crónica ya citada, rodeado de sus discípulos, quienes aseguraron que cuando murió, un rayo de luz subió hasta el cielo. Era el año 547, y su legado había sido asentado.
La gran leyenda que gira entorno a San Benito se agranda si hablamos del hecho de que se le atribuyen multitud de milagros e incluso la cualidad de sanar a los enfermos.
La Regula monasteriorum
La Regula Monasteriorum o Regla Monástica estaba formada por 73 capítulos donde San Benito reflejó su método y disciplina. La regla encontraba en la frase ora et labora su columna vertebral, viendo el trabajo manual como algo necesario y honroso, imitando de esa forma a Jesucristo y su padre san José, quien había sido un dedicado trabajador manual.
Respecto a los tiempos de rezo y descanso, San Benito estableció un estricto horario en el que la reflexión y el rezo marcaban la vida de los monjes, siendo esenciales para la purificación del alma y por tanto de la persona. La alimentación debía ser básicamente vegana, sólo ingiriendo productos que nacieran en el suelo, tierras que ellos debían cultivar. Las horas de comidas eran siempre las mismas: el almuerzo a la hora sexta y la cena al ponerse el sol.
Los momentos de ayuno eran igualmente importantes, muy comunes en aquellas fechas relacionadas con los martirios de Jesucristo.
En definitiva, aunque San Benito no pretendió fundar una orden religiosa, la imposición de las costumbres que él mismo practicaba, fue un acierto acogido por numerosos fieles que veían en su pureza de alma un ejemplo a seguir.
La Regula monasteriorum, fue retomada por Benito de Aniano en el siglo IX, antes de las invasiones normandas. Él la estudió y codificó, dando origen a su expansión por toda la Europa carolingia, aunque fue adaptada para restar importancia a los trabajos manuales frente a la liturgia y a los monjes. Posteriormente, la Regla de San Benito adquirió gran importancia en la vida religiosa europea durante la Edad Media, gracias a la Orden de Cluny y a la centralización de todos los monasterios bajo esta Regla,

encabezados por los cluniacenses. En el siglo XI apareció la reforma del Císter, que buscaba recuperar un régimen benedictino más ajustado a la Regula. Otras reformas (como la camaldulense, la olivetana o la silvestrina) han buscado también revivir diferentes aspectos de la Regla de San Benito.
San Benito y su tiempo
San Benito de Nursia imprimió unos usos y costumbres muy valorados a la largo de la Historia, que han hecho que San Benito sea considerado el patriarca del monaquismo occidental.
A San Benito de Nursia le tocó vivir en una de las etapas críticas de la historia. La descomposición del Imperio Romano de Occidente y la implantación de los pueblos germánicos, mucho menos civilizados, asumiendo gran parte del poder y el gobierno de las instituciones políticas y religiosas, debió suponer un enorme desconcierto y una involución dramática en todos los campos de la civilización y la cultura.
Los monjes benedictinos fueron los primeros que tuvieron conciencia de la nueva realidad post-romana, los que sirvieron de puente entre el mundo antiguo y el Medievo, cuando rescataron, cultivaron y transmitieron casi todo el patrimonio grecorromano, sobre todo el pensamiento y el Derecho, dándole además su última y más completa dimensión.
A pesar de diferentes momentos históricos, en los cuales la indisciplina, las persecuciones o las agitaciones políticas han hecho decaer la práctica de la Regla de San Benito o han diezmado la población monástica, los monasterios benedictinos han mantenido en todos los tiempos un gran número de religiosos y religiosas. Actualmente siguen la Regla de San Benito alrededor de 700 monasterios masculinos y unos 900 monasterios y casas religiosas femeninas, ubicados en los cinco continentes. Su influencia en el monacato es considerable tanto en occidente como en el mundo, especialmente en lo que concierne a la vida intelectual del cristianismo. Esta Regla es un modelo de vida colectiva, tomada como ejemplo en la organización de algunas empresas.

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P. Ricardo Jesús Rodríguez.

Reflexión del día.

Jesús nos conocerá ante el Padre cuando lo reconocemos en nuestra vida, en nuestros actos, en nuestras actitudes

“Por tanto, todo aquel que se declare a mi favor ante los hombres, también yo me declarar a favor de él ante mi Padre que está en los cielos. Pero el que me niegue delante de los hombres, también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos “(Mateo 10,32-33).

Hay una escena que necesita estar grabada en nuestra mente, en nuestra fantasía y dentro de nuestro corazón. Cuando partir de esta vida, iremos al tribunal de Dios; y ante ese tribunal, Jesús nos presenta al Padre, diciendo: “Ese es mi discípulo. Este es parte de mi Reino. Ven, abre las puertas para él.

Otra escena, que puede suceder, es Jesús decir ante el tribunal: “Padre, ese yo no conozco. Este nunca se declaró para mí. Podemos incluso decir: “Señor, yo estaba allí, yo tenía el tercio en la mano. Yo iba a las misas. Yo comulgaba. Yo era parte del grupo de oración. Yo formaba parte del apostolado. Yo hablaba en su nombre. Yo compartía las homilías diarias. Yo rezaba mil Ave-Marías “.

Jesús nos conocerá ante el Padre cuando lo reconocemos en nuestra vida, en nuestros actos, en nuestras actitudes, en todo lo que hagamos, cuando no tengamos vergüenza de ser discípulos de él ni de declarar nuestro amor por Él. de pieguismo o exageraciones, pero de testimonio de vida, de no tener miedo ni vergüenza de testimoniar que amamos a Jesús, que nuestra vida ha sido transformada y cambiada por Él, por eso somos diferentes.

En nuestro trabajo, donde nos encontramos, donde estamos, muchas personas no creen de la misma manera que creemos. No necesitamos juzgar ni condenar a nadie, necesitamos dar testimonio de vida. En nuestra familia, muchos no conocen o, si conocen, no siguen a Jesús. Es el lugar del testimonio de vida y de coherencia. Muchas personas dejan de seguirle, porque los discípulos de Jesús no dan testimonio, no testimonian con su propia vida el amor a Jesucristo, nuestro Señor y Salvador.

Algunos comportamientos son fundamentales, no nos dejemos corromper. En un mundo donde es muy común las falcatruas y ventajas, la mejor manera de testimoniar a Jesús es no dejarse contaminar por esa mentalidad. En un mundo donde las personas profanan todo, donde la maldad está presente en las mínimas relaciones, no haga lo mismo, sea diferente, porque va a ser diferente la forma en que Jesús nos presentará al Padre el día del juicio. “Sí, mi Padre, ese yo conozco. Ese no me ha negado ni me ha renegado, es mi discípulo.

¡Dios te bendiga!

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+Mons. Cesar Martín.

Reflexión del día.

Necesitamos profundizar más en la Palabra, conocerla con más intensidad y dejar que caiga en nuestro corazón
“Por tanto, quien desobedezca a uno de estos mandamientos, por menor que sea, y enseñe a los demás a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos” (Mateo 5,19).
Hay una tendencia en el mundo y en la sociedad de vivir el relativismo de las cosas: “No es así. No es así. Si hay aquellos que tienen la tendencia de exagerar, de llevar las cosas más allá de la medida, hay aquellos que, realmente, quieren llevar las cosas de cualquier forma, hasta interpretando de forma equivocada la Ley de Dios, la Palabra de Él y Sus enseñanzas. Podemos tener dificultades para poner en práctica la Palabra del Señor, pues tenemos una lucha dentro de nosotros: hay un hombre nuevo, que brotó del Evangelio, y hay un hombre viejo luchando dentro de nosotros. No podemos dejar prevalecer al hombre viejo, mandando y orientando nuestra vida, para, de esa forma, también enseñar a los demás. Tratamos el relativismo como si fuera sinónimo de misericordia. Sin embargo, ser misericordioso es compadecerse de la debilidad y de la dificultad del otro, la misericordia no es transformar lo incorrecto en lo correcto, no es simplemente mirar al mundo y ver todo lo mal que está pasando y decir: “Es así. Todos somos hijos de Dios. Los hijos de Dios necesitan conocer el camino recto que salva, cura, libera y transforma; y no relativizar la Palabra del Señor, las cosas de Él y sus mandamientos de ninguna manera. Por el contrario, necesitamos profundizar más en la Palabra, conocerla con más intensidad y seriedad, dejar que caiga en nuestro corazón, realice la obra de Dios en nosotros y nos vaya convenciendo de lo que el mundo no quiere convencer, de que sólo la Palabra transforma nuestra vida. No vivimos mal los mandamientos ni la Palabra de Dios. Y si algo en nuestra vida está en el error, permítanos ser corregidos por Dios, permítanse ser corregidos por una conciencia recta, serena, verdadera. No aplaudimos, enseñemos ni llevamos a nadie a la práctica del error, para lo que no está de acuerdo con la voluntad de Dios. La misericordia del Señor socorre todas nuestras debilidades y nos conduce hacia la verdad; no nos deja atascados en el error. Levantémonos de una conciencia floja, para tener la conciencia recta y dirigida de acuerdo con la Palabra del Señor. Dios nos bendiga !

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+Mons. Cesar Martín.