Ordenación Sacerdotal del P. Ricardo.

Ricardo Jesús Rodríguez fue de la Diócesis Primada en una ceremonia presidida por el Arzobispo Mons Bruno el día 11/08/2018.

Ante una Iglesia llena de fieles, sacerdotes, amigos y familiares del ordenando, el Arzobispo dirigiéndose al neo presbítero, afirmó que “Cristo te ha guiado con su amor por caminos insospechados y te ha conducido hasta aquí para ponerte como regalo suyo al servicio de la Iglesia y del mundo”.

En cuanto a la labor del sacerdote, Mons. Bruno aseguró que “el sacerdote es testigo universal de la caridad de Cristo. Es hombre de Dios y hombre de la misión. La formación de los sacerdotes depende de la acción de Dios en nuestras vidas y no tanto de nuestras actividades”.

Así, refiriéndose a la figura del sacerdote el Arzobispo dijo:

“Los sacerdotes los fieles esperan que sean especialistas en fomentar el encuentro del hombre con Dios. El sacerdote debe conocer realmente a Dios desde su interior y así llevarlo a los hombres”.

 

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Mensaje de Bienvenida al P. José Ortega

 

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Queremos dar la bienvenida a nuestra Iglesia al Padre José Ortega Peréz.

Nuestro estimado hermano tiene una trayectoria más que probada en el ministerio Sacerdotal a nivel pastoral,  viene de la Iglesia nacional española y sus conocimientos nos seran de gran ayuda.

Deseamos que Dios le bendiga y tenga muchos éxitos en esta misión y en  las tareas que se le encomienden.

Reflexión acerca de Mt 13, 24-43: Trigo y cizaña: Dejad que crezcan juntos hasta la siega, o cuando conviven posturas opuestas

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La parábola de la cizaña es una de las siete que Mateo incluye en su capítulo 13.

Siempre se ha entendido el relato del trigo y la cizaña como una enseñanza sobre la convivencia entre buenos y malos. Todas las reflexiones en este sentido son adecuadas, pero incompletas, porque dentro del ser humano también hay trigo y cizaña, bien y mal, luz y sombra.

Dejad que crezcan juntos hasta la siega.

La parábola de la cizaña es una llamada de atención sobre la tentación en que caemos con frecuencia de ser jueces de los demás, excluyéndolos del reino de los cielos. Es un mensaje de tolerancia plenamente evangélico: Dejad que crezcan juntos hasta la siega (Mt 13, 30). Es una reflexión que nos previene de catalogar a las personas como buenos y malos. Mal entendida, la parábola puede dar origen a un simple maniqueísmo sobre la presencia simultánea del bien y del mal, que reduzca el mensaje de Jesús.
Empecemos por notar que el sembrador siembra buena semilla, el trigo. La cizaña tiene un origen distinto. Según aquella mentalidad, hay un enemigo empeñado en que el hombre no alcance su plenitud. Pero a pesar de que aceptamos la presencia del maligno en la vida espiritual, aquí la hipótesis del maniqueísmo es innecesaria. Bien y mal se encuentran inextricablemente unidos en cada uno de nosotros. Durante milenios el hombre trató de buscar una respuesta coherente al interrogante que plantea la existencia del mal. Hoy sabemos que no tiene que venir ningún maligno a sembrar mala semilla: La limitación que nos acompaña como criaturas da razón suficiente para explicar la presencia del mal, la imperfección y los fallos de toda vida humana.

La evolución de las especies ha ido siempre en la dirección de asegurar la supervivencia del individuo y su descendencia. A ese objetivo estaba orientado cualquier otro logro. Al aparecer la especie humana, el hombre descubre que hay un objetivo más valioso que el de la simple supervivencia. Pero al intentar caminar hacia esa nueva plenitud de ser que se le abre en el horizonte, el hombre tropieza simultáneamente con esa enorme inercia que le empuja a objetivos puramente egoístas enfrentados a los objetivos de los demás humanos. El objetivo de subsistencia individual y el nuevo horizonte de plenitud colectiva que se le abre al ser humano, tienen que convivir. Como en el caso de la cizaña y el trigo, sólo cuando llega la hora de los resultados, en la cosecha, queda patente lo que los distingue. Es inútil todo intento de dilucidar teóricamente el origen de lo que es bueno o lo que es malo, porque son inherentes al ser humano y ambos crecen juntos. La mayoría de las veces el hombre sólo descubre lo bueno o lo malo después de innumerables errores en su intento por acertar en su caminar hacia la meta.
En el ser humano, el bien biológico individualista sería siempre bueno mientras no vaya contra el bien de los demás. Todo el esfuerzo que haga el ser humano por vivir mejor de lo que vive en una época determinada, sería estupendo si toda mejora alcanzara a todos los hombres, y no se consiguiera el bien de unos pocos a costa del mal de muchos. En el mundo que nos ha tocado vivir, podemos descubrir esa contradicción: El hombre, buscando la plenitud de su desarrollo individualista, puede arruinar su plenitud como ser humano.

El punto de inflexión en la lógica del relato lo encontramos en las palabras del dueño del campo: dejadlos crecer juntos hasta la siega. Lo lógico sería que se ordenara arrancar la cizaña en cuanto se descubriera en el sembrado, para que no disminuyera la cosecha. Pero resulta que, contra toda lógica, el amo ordena a los criados que no arranquen la cizaña, sino que la dejen crecer con el trigo. Este quiebro es el que debe hacernos pensar. No es que el dueño del campo se haya vuelto irresponsable; es que la intención de la parábola es enseñarnos que otra visión de la realidad es posible.
La respuesta del amo estaría fuera de toda lógica si nos quedamos en la literalidad del relato. La razón por la que les deja crecer juntos no es porque el señor se sienta generoso y perdone la vida a los malos, sino porque el dueño aduce que podríais arrancar también el trigo; precisamente por la dificultad de distinguirlos a simple vista (las espigas de cizaña son muy similares y se enredan fácilmente con el trigo). Por tanto, lo que nos enseña es otra cosa: El trigo y la cizaña tienen que convivir a pesar de que son plantas antagónicas, y lo que produce una, será siempre a costa de la otra. La cizaña perjudica al trigo, pero la realidad es que son inseparables. Aplicado al ser humano, la cosa se complica hasta el infinito, porque en cada uno de nosotros coexisten juntos cizaña y trigo. Nunca conseguiremos eliminar del todo nuestra cizaña. Sólo tomando conciencia de esto, superaremos las tendencias perfeccionistas y podremos aceptarnos a nosotros y a los otros con su cizaña.
Esta mezcla inextricable no es un defecto de fabricación, como se ha hecho creer con mucha frecuencia; por el contrario, se trata de nuestra misma naturaleza. Dejaríamos de ser humanos si se anulara nuestra imperfección. No sólo es absurdo el considerar a uno bueno y a otro malo, sino que pensar que una persona se pueda considerar perfecta, es descabellado. Querer arrancar enseguida la cizaña es una tentación, lo que demuestra la falta de confianza en uno mismo y la no aceptación de lo que nos incomoda.

Jesús pone el acento en la necesidad de convivir con lo diferente de nosotros, y con el diferente. Siempre tendremos pendiente un cambio en nuestra actitud ante el diferente. Jesús advierte del riesgo de condenar y arrancar del campo a los hermanos diferentes, por el peligro de que paguen justos por pecadores. Es preferible tener paciencia y dejar la justicia a Dios, el único que puede emitir un veredicto exacto al final de los tiempos, el día de la siega, sin temor a equivocarse.

P. Ricardo Jesús Rodríguez.

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Mensaje de Bienvenida al Padre Vicente Enrique Choez

 

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Queremos dar la bienvenida a nuestra Iglesia al Padre Vicente Enrique Choez Lozano.

Nuestro estimado hermano tiene una trayectoria más que probada en el ministerio Sacerdotal a nivel pastoral, social y de vida religiosa viene de la Iglesia Católica Antigua de Ecuador  y sus conocimientos nos seran de gran ayuda.

Deseamos que Dios le bendiga y tenga muchos éxitos en esta misión y en  las tareas que se le encomienden.

Mensaje de bienvenida al P. Fernado

 

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Queremos dar la bienvenida a nuestra Iglesia al Padre Fernando Carcìa Serrano.

Nuestro estimado hermano tiene una trayectoria más que probada en el ministerio Sacerdotal a nivel pastoral, social y ecumenico viene de la Iglesia Católica Antigua de Colombia  y sus conocimientos nos seran de gran ayuda.

En nuestra diócesis ocupara sus labores pastorales y hace poco se le comunicó con gran alegría que  ocupará el puesto de delegado de Ecumenísmo.

Deseamos que Dios le bendiga y tenga muchos éxitos en esta misión y en  las tareas que se le encomienden.

Reflexión del día.

El mal parece una mala hierba escondida, pero toda mala hierba tiene que ser eliminada. El mal no puede vivir dentro de nosotros

“Una generación mala y adúltera busca una señal, pero ninguna señal le será dada, a no ser la señal del profeta Jonás” (Mateo 12,39).

Jesús llamó a su generación de mala y adúltera, porque se dejó llevar por las maldades y perversidades del corazón humano, que, perdido en medio del mal, se dejó guiar por él. Una generación adúltera es la generación que, de hecho, adultera, cambia y transgrede la verdad.

La generación en que vivimos no es diferente, es generación rodeada por maldades, las cuales vemos en los grandes titulares en los periódicos cada día, como robos, asesinatos, crímenes hediondos. Hay, sin embargo, una maldad escondida en el rincón de cada corazón humano. Hay la maldad de querer el mal del otro, de desear el mal al otro y de felicitarse con el mal que sucede con el otro. El mal parece una mala hierba escondida, pero toda mala hierba tiene que ser extirpada, eliminada, cortada, y el mal no puede vivir dentro de nosotros.

Nuestra generación es adúltera, porque deja a Dios por cualquier cosa, para servir a otros dioses; es una generación que se prostituye fácilmente con las seducciones, con los engaños, las ilusiones del mundo en que vivimos. El gran adulterio de la humanidad es cambiar a Dios por los ídolos de este mundo. Pero como una generación mala y adúltera puede encontrar los signos de Dios? Aquí hay otro error: una generación que a menudo quiere milagros y señales del cielo. “Ninguna señal nos será dada, a no ser la señal de Jonás.

¿Cuál es la señal de Jonás? Jonas es la señal del Resucitado, porque se quedó tres días dentro de la ballena y luego salió. Necesitamos hacer la experiencia de morir para el mundo y para todo aquello que nos hace pervertidos, adúlteros. Necesitamos renacer para la gracia.

La señal de Jonás es el signo de conversión, de vida nueva y de transformación. Si queremos ver una señal de Dios, miramos a las personas que se permiten ser cambiadas y transformadas por la gracia de Dios. La persona que hacía una cosa equivocada, ahora está haciendo lo que es correcto; la persona que vivió una vida anterior en el error, ahora encontró el camino correcto. La gran señal de Dios son las vidas transformadas, porque Jesús vino para transformar nuestra vida.

¡Dios nos bendiga!

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+Mons. Cesar Martín

Reflexión sobre Rom 8, 35: “Nada podrá separarnos del amor de Cristo, ni la angustia, ni la tribulación”

 

A veces experimentamos angustia y miedo ¿Cuál es la postura cristiana ante esta experiencia humana? A nivel psicológico el miedo está vinculado a la percepción de un peligro que creemos real y puede manifestarse en relación a cosas particulares (fobias), o ser extendido hasta la pérdida total de control (pánico). También puede tratarse de un agudo sufrimiento interior (ansiedad), o pierde su rostro definido y se prolonga, invadiendo profundamente el ánimo de la persona (depresión). Estas experiencias por supuesto no son buenas para el hombre, pues le llenan el corazón de desconfianza, lo encierran en sí mismo, y así le impiden vivir con libertad.

En el mundo occidental se está produciendo una extraña paradoja en relación al miedo: por un lado la tecnología y el desarrollo han permitido un bienestar y una sensación de seguridad sin precedentes; las posibilidades de diagnosticar y curar las enfermedades, de prolongar la vida, de proteger lugares, de resolver toda clases de problemas o dificultades, son enormes; sin embargo la proliferación de la desconfianza, del miedo, de la ansiedad, ha aumentado de manera desproporcionada. ¿Por qué se da este fenómeno?

Parece ser que a las nuevas generaciones, mientras más se les protege con nuevas comodidades tecnológicas, son menos capaces de madurar. Esto se debe a que en el fondo se les priva de tener que enfrentar la vida en su radicalidad y dureza. Las realidades de la vida a veces parecen que puedan manejarse en la inmediatez, pues se les enseña a dominarlo todo, a tener todo a disposición y de manera rápida, todo al alcance de la mano, con un “clic”, todo bajo control. Entonces las incertidumbres futuras, los compromisos a largo plazo (o por toda la vida), los mensajes que piden una espera paciente y prolongada, y las tantas situaciones misteriosas e irresolubles de la vida, se vuelven insoportables. Se busca relativizar y quitar el peso a aquello que nos atemoriza, no enfrentándolo con madurez, más bien evitándolo. Los jóvenes se angustian cuando se enfrentan a esos límites a los que no están acostumbrados y ante los cuales no saben qué hacer, porque no han aprendido a madurar. Han surgido por este motivo (entre tantos otros) una serie de enfermedades que, como epidemias, están afectando especialmente a los grupos más jóvenes: depresión, strés, sin sentido de la vida, suicidios, etc. Detrás de todas ellas, se pueden ver esos fantasmas del miedo: miedo ante el futuro incierto, ante el fracaso, ante el dolor, ante el descontrol, ante la soledad. El hombre queda así postrado ante una cultura del miedo y de la desconfianza. ¿Cómo actuar entonces para superar este miedo que paraliza y aliena la existencia?

El individualismo materialista que nos lleva a confiar sólo en nuestras fuerzas y en aquello que podemos poseer o construir, crea en realidad sujetos solitarios, tristes y frágiles, incapaces de confiar e incapaces de comunicarse con los demás, condición fundamental del amor. Sin amor es imposible que surja esa necesaria esperanza que nos permite afrontar las vicisitudes de la vida y de sus límites (las adversidades, el sufrimiento, el mal, la muerte, etc.). El amor constituye la condición sobre la cual se construye dicha fe (confianza) y de la cual surge la esperanza que nos permiten abrazar la vida en su radicalidad con plenitud. La Escritura enseña que el sentido de la vida está en el reconocimiento del amor de Dios y la realización del crecimiento y desarrollo personales en el amor abierto a la trascendencia.

Dios es amor. Dios nos amó primero, ésta es la garantía para vencer el temor, y, como dice san Pablo, si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? (cf. Rom 8, 31 y ss.)

El amor no es algo que se puede comprar, poseer, construir, controlar o medir. Exige por el contrario confianza, gratuidad, apertura, sacrificio, paciencia. Por eso el miedo construye una muralla contra la potencia del amor y la fe. Jesús reprende a sus discípulos cuando, por temor, dudan (en la tormenta, cf. Mt 8, 25-26; o a Pedro cuando desconfía mientras camina sobre las aguas, cf. Mt 14, 30-31). ¿Por dónde empezar? Empecemos a amar más a Dios y en especial a nuestros hermanos que son el rostro visible de Cristo, y dejémonos amar por ellos. El amor puede y nos hará libres. Abramos nuestro corazón al encuentro y a la amistad. Ya lo decía san Juan: «No hay temor en el amor; sino que el amor perfecto expulsa el temor, porque el temor tiene que ver con el castigo; quien teme no ha llegado a la plenitud en el amor. Nosotros amemos, porque él nos amó primero. Si alguno dice: «Amo a Dios», y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve. Y hemos recibido de él este mandamiento: quien ama a Dios, ame también a su hermano». (1 Jn 4, 18-21).

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P. Ricardo Jesùs Rodrìguez.

Excardinaciòn y cese de cargo de Faustynowi Trusito, który.

 

prefectura doctrina

En el nombre de la Santísima Trinidad Amen
A todos los fieles en Cristo Jesús, Paz y bendición Apostólica.
Hechos:
Vista por la comisión de Protección de la doctrina en el Alto Tribunal de la Iglesia Vetero Católica Liberal de, seguida por UN DELITO CONTINUADO DE SUPLANTACIÓN DEL MINSTERIO APOSTÓLICO, Faustynowi Trusito, który
1 Después de haber estudiado todas las pruebas presentandas a este organismo
2 de haber escuchado el testimonio de personas que has tenido trato con el acusado.
3 De haber investigado su expulsión y disolución de su Orden dentro de la Iglesia Romana por irregularidades y uso mal intencionado de la confianza depositada en la persona del Acusado.
Fallo:
Por conformidad de las partes debo condenar y condeno a D. Faustynowi Trusito, który como autor responsable de UN DELITO CONTINUADO DE SUPLANTACION DEL MINISTERIO APOSTÓLICO, con la concurrencia de la atenuante de HABER HECHO CASO OMISO A SUS SUPERIORES Y muy cualificada de reparación del daño, a la pena DE EXCARDINACION con inhabilitación DE SU MINISTERIO COMO RELIGIOSO Y LA DISOLUCION DE LA Orden de Misionero de la Madre Teresa de Calcuta y la Orden de San Fausto.

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Reflexión del día.

No hay día para vivir el amor, la misericordia, la bondad o para cuidar del otro, porque el Hijo del Hombre es Señor del sábado

“Quiero la misericordia y no el sacrificio”, no habrían condenado a los inocentes. De hecho, el Hijo del Hombre es señor del sábado “(Mateo 12,7-8).

El corazón de Jesús es apasionante, nunca se ha visto un corazón tan humano como el de Él, que es divino y sublime. Debemos mirar hacia el corazón de Jesús, a fin de humanizar, santificar y divinizar nuestro corazón.

Nuestro corazón, muchas veces, está tan lejos del Sagrado, que se ha vuelto deshumanizado. No podemos perder nuestra humanidad, porque ella no es profana, ella es sagrada, y es Jesús quien hace nuestra humanidad sagrada. Los hombres de la Ley están preocupados por los preceptos divinos, con las leyes divinas, pero se están olvidando de la humanidad, están preocupados por guardar el sábado en cuidar del templo, pero no están preocupados por la persona humana.

Jesús viene a decir: “No es eso lo que el Padre quiere”. El Padre no vino a buscar los sacrificios que se ofrecen en los templos, el Padre no vino a buscar las oblaciones que se hacen en los altares, pues ellas sólo tienen importancia cuando vienen para rescatar a la persona humana. El culto que Dios quiere es un corazón que se vuelve misericordioso, porque a menudo la religión nos endurece. Participamos de las Misas, de los cultos, de los grupos de oración y nos hacemos personas rígidas, duras, carrascas y malvadas unas con otras.

Necesitamos llenarnos de Dios y tener en nosotros el corazón de Jesús, el corazón misericordioso que no se importó si era día de sábado o el día que fuese, porque era tan importante para la religión judía. Lo que importa es que la oveja necesita cuidado todos los días de la semana.

No hay día para vivir el amor, la misericordia, la bondad o para cuidar del otro, porque el Hijo del Hombre es Señor del sábado, es el Señor de la vida, de la Ley, del Templo y de la misericordia. Alabemos a nuestro Dios, no sólo por la grandeza de lo que es, sino por la grandeza que se esparce en la faz de la tierra. Donde se vive la misericordia, el amor, donde se cuida del otro, allí Dios está.

No encontramos a Dios sólo en el Templo o sólo en las oraciones, nos llenamos con la oración, para que con el corazón lleno de Dios llevemos amor y misericordia hacia el prójimo.

¡Dios te bendiga!

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+ Mons Cesar Martín.

Reflexión del día

Nuestro corazón necesita ser humilde, y nosotros necesitamos ocupar nuestro lugar, el último lugar, sin deseo de pretensiones ni magnitudes

“Venid a mí todos vosotros que estáis cansados ​​y fatigados bajo el peso de vuestros fardos, y yo os daré descanso” (Mateo 11,28).

Dios nos quiere descansados, Él no nos quiere sobrecargados, ni quiere que lo juzgue de esa vida, que lo juzgue de nuestros compromisos y obligaciones sean una sobrecarga que vaya abrumando nuestra alma, nuestra vida, sacando nuestro gusto y nuestra alegría de vivir.
¿Qué hacemos? Vamos a tirar nuestras responsabilidades? ¿Vamos a huir de nuestras obligaciones? ¡No! Vamos a refugiarnos en el corazón de Jesús, porque para enfrentar todas las leídas de la vida, necesitamos tener corazón. Si no hacemos de corazón, no está bien hecho y sobrecarga la salud física, emocional, psíquica y espiritual. Necesitamos tener el corazón en lo que hacemos, pero no un corazón sobrecargado, enfermizo, tenso, nervioso, temeroso, ansioso ni preocupado.

¿Cómo nuestro corazón necesita estar? Él necesita aprender con el corazón de Jesús, tomar el juicio de Él, aprender de Jesús, que es manso y humilde de corazón, pues así encuentra descanso en todo lo que hace.

El corazón manso no es agitado. Pero nosotros nos agitamos demasiado, dejamos que el corazón se desangre y lo llenamos de cosas frívolas, innecesarias. Él se va llenando de cosas que sólo nos llenan.

Nuestro corazón necesita ser humilde, y nosotros necesitamos ocupar nuestro lugar, el último lugar, sin deseo de pretensiones ni grandezas, sin buscar cosas más allá de lo que es nuestro. Hasta cuando hacemos una cosa que puede ser grande, pero hacemos con la humildad de corazón, allí nuestro corazón no se va a perder.

A veces, estamos viviendo una situación, estamos pasando una realidad de vida, pero el corazón está inflado, está lleno de orgullo y vanidades, y todo se vuelve pesado, no nos conformamos ni nos consolamos con nada.

Encontraremos consuelo, descanso y refugio en el corazón de Jesús y aprendamos de Él como debe ser nuestro corazón manso y humilde, porque los mansos y humildes tienen un corazón cuidado por Dios.

¡Dios te bendiga!

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+Mons César Martín.