Epifanía es una de esas palabras que vienen del griego y que todos los años por estas fechas se nos recuerda lo que quiere decir… Y cuyo significado tendemos a olvidar rápidamente, al menos en parte.

Epifanía significa “manifestación”. Se trata de la manifestación del Señor a todos los pueblos de la Tierra. Jesús había nacido como judío, como el Mesías de Israel; pero quiere dejar claro desde el principio que no ha venido sólo por ellos, sino que está aquí para todos. Y se manifiesta a los Reyes en representación de los pueblos gentiles: Reyes que le reconocen y le ofrecen regalos como verdadero Dios, verdadero Rey y verdadero Hombre.

Pero no es la única vez que Dios se manifiesta, toda la historia de la salvación es la historia de la manifestación de Dios a los hombres para su salvación. Porque no podemos olvidar el motivo por el que ocurre esta Epifanía: “Las tinieblas cubren la tierra, la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor y su gloria se verá sobre ti.” (Is. 60, 2). El Señor ha venido a traer luz, lo vemos en el prólogo del Evangelio según san Juan: “El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo.” (Jn. 1, 9).

Sin embargo, aun conociendo a quien es la Luz, se es libre de rechazarle. ¿Qué es lo que hacen los sumos sacerdotes cuando los Reyes Magos van a preguntar a Herodes porque han averiguado que el rey de los judíos había nacido? ¿Salen corriendo a buscar al que sería su rey? Pues no; pero no porque no sepan quién es ni dónde está, responden muy correctamente que nace en Belén, lo podéis leer en el texto del Evangelio según san Mateo 2, 1-12. Saben que es el rey de los judíos. Saben dónde ha nacido. Y saben que ha nacido porque se lo han dicho los Magos… ¿Y qué hacen? NADA. Un clamoroso vacío. Informan y ya está.

Ahora nos toca a nosotros ser esa manifestación. O, al menos, su principio. Recordemos que tenemos un deber inexcusable que viene del propio Cristo: “Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos.” (Mt. 28, 19-20). También en el mandato que da al endemoniado de Mc. 5, 1-20, después de liberarle y que este quisiera seguirle: “Vete a casa con los tuyos y anúnciales lo que el Señor ha hecho contigo y que ha tenido misericordia de ti.

Jesús nos envía para ser las estrellas que guíen a aquellos con los que nos encontremos. Y, como la estrella de los Reyes, tenemos que guiar hacia la Luz verdadera, es decir, hacia Jesucristo. La luz que podamos tener no es más que un reflejo de esa Luz, pero tiene que llevar a ella; esta es la parte del significado profundo de la Epifanía que tendemos a olvidar. ¡Qué bonito, que vienen los Reyes! Ya, claro. ¿Y después? ¿Como los sumos sacerdotes a los que pregunta Herodes?Bellini-circumcision-NG1455-fm

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